Empatía cognitiva y empatía emocional: ¿conoces la diferencia?

La empatía es una de esas palabras de moda puesta continuamente en boca de todos. De ello no hay duda, pero el uso continuo de esta maravillosa cualidad que facilita las relaciones entre seres humanos hace que, en ocasiones, exista confusión con respecto al término, que acaba por perder significado.

Probablemente todos conocemos que a través de la empatía, esa habilidad que permite reconocer e identificarse con la alteridad, somos capaces de percibir lo que el otro puede sentir y pensar. Pero lo que seguramente desconocemos de esta cualidad, que tan positiva ha resultado a lo largo de siglos de evolución para la unión y supervivencia de la comunidad, es que existen dos tipos distintos de empatía: la afectiva o emocional y la cognitiva.

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Cuando aplicamos la empatía emocional existe una reacción afectiva mediante la que nos identificamos tanto con los sentimientos de la otra persona que podemos llegar a sentirlos en carne propia. En ocasiones, si esta empatía emocional es extrema y la identificación con la otra persona es total, puede llegar a paralizarnos e impedir que seamos capaces de aconsejar y de resultar una ayuda útil para el otro. Sin embargo, la empatía emocional se trata de un sentimiento noble y profundo que, más allá de la compasión, nos permite prestar apoyo sincero sin resultar condescendientes.

Por otra parte, mediante la empatía cognitiva conseguimos entender y reconocer qué está sintiendo la otra persona, pero siempre desde el intelecto, nunca desde la emoción propia. En este tipo de empatía no existe, por tanto, ningún reflejo afectivo y puede llegar a ser aprendida mediante imitación social. Los psicópatas, quienes por definición son incapaces de identificarse emocionalmente con otra persona, podrían llegar a fingir empatía emocional con una finalidad manipuladora; para conseguir lo que quieren de los demás. Sin embargo, es éste el tipo de empatía que nos permite ofrecer a los demás una respuesta de utilidad, ya que con ella pasamos a la acción: proponemos o ejecutamos un plan para ayudar al otro. Habitualmente, cuando ponemos en práctica la empatía solemos aplicar un equilibrio entre ambas, siendo capaces de reconocer los sentimientos de otra persona en nosotros y de entender lo que le sucede para prestarle una ayuda efectiva.

La empatía es una cualidad fundamental en comunicación y, por tanto, se trata de una habilidad que trabajamos continuamente en TALKK. A menudo la asociamos exclusivamente a la resolución pacífica de conflictos, en las que saber entender a todas las partes implicadas y dirigirse a ellas de la manera más asertiva posible resulta fundamental para mediar con éxito. En cambio, la función de la empatía en comunicación va mucho más allá: resulta fundamental para conseguir llegar realmente a quien nos escucha, conectando con sus sentimientos y sus necesidades. Ser empáticos con nuestro público nos garantiza optar por la única vía posible para tener éxito comunicativo: realizar una intervención adaptada a los intereses de la audiencia, haciendo que sea la protagonista.