tertulia

El debate como motor del conocimiento

Acostumbrados a que las tertulias televisivas acaben por ser auténticas batallas campales o a que los coloquios de actualidad terminen en una exposición sucesiva de puntos de vista sobre un tema sin que se produzca una verdadera interacción entre las posturas, nos hemos olvidado de lo que es un debate. Y es que discutir y debatir están lejos de ser lo mismo. La discusión escenifica una lucha de egos sin voluntad de escucha, mientras que el debate, apoyado siempre en la potencia de la argumentación y en el respeto a la opinión contraria, es el ejercicio más democrático de todos y se aproxima a aquella cita de Evelyn Beatrice Hall, biógrafa de Voltaire: “no me gusta lo que dices pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.

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            Más allá de la brillantez con la que seamos capaces de blandir exordios, argumentaciones y contraargumentaciones, de la seguridad que mostremos ante el público o de lo bien que acompañemos con gestos los matices de nuestro punto de vista, el debate tiene algo que en TALKK nos fascina: su capacidad para convertirse en motor del conocimiento. Avanzamos cuando reflexionamos a partir del otro, el contrapunto a nuestra visión particular se convierte en una ocasión excepcional para contemplar nuestras propias consideraciones en perspectiva, replantearlas, ampliarlas, indagar: crecer. Y es que el debate, mucho antes de su puesta en escena, nos invita a realizar un viaje introspectivo, a explorar de manera crítica todos los puntos de vista posibles entorno a un tema, lo que inevitablemente nos conduce entonces a aceptar otras posturas –una vez que sabemos cómo han sido construidas tales razones divergentes-  y a ser capaces de situarnos, por tanto, en el lugar del otro.

Cada otoño les ofrecemos a nuestros oradores de Secundaria y Bachillerato la posibilidad de asumir un nuevo reto: participar en el Torneo de Debate Académico de TALKK (TDAK), a través del que les proponemos la reflexión sobre un tema de actualidad y especial interés para ellos. La dinámica de la competición es un fascinante duelo dialéctico que tiene lugar a lo largo de una semana. Los equipos conocen la postura que deben defender sobre el tema dado –a favor o en contra- justo antes de cada intervención, por lo que el peso recae en los mecanismos empleados para defender un argumento más allá de la opinión concreta con respecto al tema (de hecho, el interés del debate como herramienta pedagógica se debe, en gran parte, a que los debatientes deberán, en más de una ocasión, defender posturas contrarias a sus propias convicciones personales). La posibilidad de embarcarse en este viaje de conocimiento, en el que no sólo se potencia la habilidad para investigar y expresarse, sino también para recoger y entender los argumentos ajenos, está abierta hasta el día 30 de octubre. Sin duda una ocasión para reencontrar o descubrir la esencia del verdadero debate.

 

Café y tertulia: lugar de encuentro y revolución de la palabra

La revolución empezó en un Café. ¿Qué revolución? La respuesta es amplia: casi todas las revoluciones ideológicas y estéticas que dieron paso a la modernidad en Europa. ¿En qué Café? Quizás el Café Royal en Inglaterra, el Café Slavia en Praga o el madrileño Café Gijón; en todas aquellas ágoras improvisadas en las que los artistas e intelectuales europeos fueron sorbiendo ideas y haciendo de la modernidad la civilización de la palabra.

La revolución nació de una conversación. Si no hubiese sido por los encuentros en los Cafés, hechos de pronto atelier, salón u oficina para tantos pensadores, no habrían surgido las Vanguardias; cómo, sino en las tertulias, iba a emerger el valor a desobedecer a la Academia, cómo sino en ese espacio común, en la charla libre, en la palabra compartida, iba a aparecer la subversión creativa. Los Cafés históricos, herederos de los elitistas salones aristocráticos del siglo XVII, fueron el espacio democrático que acunó comunidades culturales, artísticas y políticas. Lugares plurales y abiertos, por primera vez, a todo tipo de públicos, donde la vida se observó a veces y se creó otras: espacio de reflexión, espectáculo de debate y discusión, atril espontáneo ante un público heterogéneo y cambiante; el Café pero sobre todo la palabra, lo cambiaron todo.

Los alumnos de oratoria de TALKK conversan en el Café Ledicia.

Los alumnos de oratoria de TALKK conversan en el Café Ledicia.

Por ello, en TALKK conocemos el valor de la tertulia que practicamos tan a menudo, un poder que se mantiene intacto en nuestros días; su capacidad para cuestionar ideas y compartir conocimiento, para devolvernos a la vida y observarla a través de los otros y de nosotros mismos con aire renovado.